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martes, 17 de abril de 2012

La Campana de Cristal

Título: La Campana de Cristal (1963)
Título original: The Bell Jar
Autora: Sylvia Plath
Género: Autobiografía/Psicología, si es que se la puede clasificar de alguna forma.

Sinopsis:
Esta novela -que hace eco de las experiencias de la propia Plath como escritora en ascenso durante los primeros años de los 50- narra el colapso nervioso de Esther Greenwood: una muchacha brillante, bella, talentosa, exitosa, pero que poco a poco comienza a hundirse hasta llegar, quizás, hasta el fin.

Consenso general en GD: 3.88 of 5 stars 3.88 


Reseña:
Compré este libro como mi última lectura de verano gracias a un descuento en librerías KEL (lo que significa que lo leí en inglés y que consideraré eso en mi reseña).
Primera y única novela de Plath, me lancé sobre ella por el simple hecho de que había disfrutado toda su poesía que había leído. No me decepcionó.

La historia -si es que hay una- se desarrolla desde el punto de vista de Esther. Estamos con ella todo el tiempo y somos testigos de cada pensamiento que se cruza por su cabeza. Ella se introduce -y a nosotros con ella- en la vida de principios de los 50. 

Reminiscente de El Cazador Oculto de Salinger, esta novela narra el descubrimiento del propio carácter y anhelos en medio de una sociedad que se está definiendo y opta por límites y convenciones estrictas, y ahonda en las sensaciones y pensamientos de un personaje que se está constituyendo como persona -vacilaciones, ideas descabelladas, preguntas irreverentes, dudas existenciales, Plath no escatima y nos ilustra una mente que se está formando de manera muy acertada-. El lector cae bajo el influjo de Esther y la sigue, ávido por comprender, deseoso de acompañarla en sus proyectos hacia la adultez y consumación de la madurez.

Y de pronto, Plath nos sorprende y hunde, junto con Esther, en el caos de la bipolaridad, de la depresión. La historia da un giro inesperado y Esther ve caer sus planes, ideas y vínculos, a medida que ella misma se pierde en los laberintos de su mente. Es remarcable la forma en que Plath dibuja una mente enferma -y es difícil para el lector no trazar paralelos con la vida misma de la autora-.

Desde aquí la novela se constituye en una especie de juego de tetris, en donde cada capítulo deja caer una nueva pieza sobre la vida de Esther que tanto lector como personaje van descubriendo juntos, y que mantiene en suspenso cómo puede llegar a resolverse esta historia errática.

Es necesario subrayar el magnífico uso que hace Plath de las frases y palabras. Logra armar un arcoiris de metáforas que son simplemente deliciosas. Aquí unos ejemplos:

"The silence depressed me. It wasn't the silence of silence. It was my own silence." 
"I felt very still and empty, the way the eye of a tornado must feel, moving dully along in the middle of the surrounding hullabaloo." 
"To the person in the bell jar, blank and stopped as a dead baby, the world itself is a bad dream."

Mi clasificación: didn't like it it was ok liked it really liked it (my current rating) it was amazing

La Mandrágora

Título: La Mandrágora (1911)
Título original: Alraune
Autor: Hanns Heinz Ewers
Género: Suspenso/Horror

Sinopsis:
Como resultado de inseminar artificialmente a una prostituta con el semen de un ahorcado surge a la vida la bella y malvada Mandrágora, uno de los grandes y más fascinantes mitos de la literatura fantástica, equiparable a Frankenstein, Drácula, El Golem o El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde.
Consenso global en GD:  4.04 of 5 stars 4.04

Reseña:
Me dieron este libro en Literatura Alemana, como parte de un programa cuyo eje es el mal. Sin duda alguna, de todos los que leí hasta ahora, este es el que más aplica al programa.
Alraune es, desde sus primeros capítulos, un canto al mal, y al mal no como entidad sino como forma de vida, como espíritu que impulsa y posee. Comenzando con la descripción de la familia Gontram, los relatos de sus fiestas bizarras, y luego con las aventuras y espeluznantes ocurrencias de Frank Braun y el doctor Ten Brinken, el lector se ve envuelto en un ambiente de ajenidad y extrañeza. Se introduce así la leyenda de la mandrágora.
De una elaborada introducción surge Alraune -Mandrágora-, nuestra diabólica protagonista. Si bien la mujer-demonio es un estereotipo o tema muy recurrente en la literatura, esta novela rompe y anuncia desde un principio que Alraune será el mal. Evita alevosamente las danzas, sugerencias y enmascaramientos que normalmente envuelven a los personajes femeninos diabólicos y plantea que éste es un engendro y que nada bueno va a ocurrir en la novela.

Es justamente esta premisa la que hace tan atractivo el libro. Como lector sabemos quién y qué es el personaje principal, y deseamos saber cómo se desarrollará la historia -porque, honestamente, ¿cómo se arma una novela con un personaje monstruoso y condenado como éste?-. Y no defrauda.

La historia está embebida en episodios trágicos y acontecimientos tenebrosos, todos rodeando a Alraune pero nunca involucrándola directamente. Y acá es donde Ewers merece sus aplausos. Logra darle una identidad tan incorpórea, azarosa e impredecible al mal, que logra revolucionar el concepto de personaje maligno. Porque Alraune se constituye así en una víctima más. El mal que emana, que la rodea, es incontrolable. Los personajes que la rodean van cayendo bajo su influjo y siendo conducidos a situaciones trágicas, sin poder evitarlo. El mal es hipnótico, controla sentidos, razones, voluntades. Y así es como resulta completamente horroroso: puede controlar incluso al ser más racional y decidido.

Y ni siquiera Alraune puede controlarlo. A medida que avanza la novela se descubre que, lo que en un principio parecía un personaje predecible y unidimensional, tiene más facetas y máscaras de las que se creía. Es manipuladora, pero vulnerable. Es bellísima y atípica. Es victimario y víctima.

Voy a destacar una escena en donde Ewers logra de forma monumental dar vuelta los últimos estereotipos que quedan en pie, conduciendo al lector a un festín de banalidades y elementos bizarros y haciéndolo aceptar todo sin el más mínimo horror: la fiesta donde Alraune se disfraza de hombre.

Por último, y quizás sea mi única crítica negativa, considero que la escena final no estuvo a la altura del resto de la novela. Para mí, perdió fuera y promedió de forma brusca, poco clara y un tanto decepcionante, lo que se venía construyendo como una novela en tensión y trágica. Alcanza el punto donde la pregunta "¿y ahora cómo va a seguir esto, cómo va a hacer el autor para continuar esto?" es acuciante y mantiene al lector en vilo, para luego dar una respuesta que es pálida en comparación con el resto de la novela.

Mi clasificación: it was amazing it was amazing it was amazing it was amazing it was amazing